El mal consejo

1 Crónicas 17.1-27

David desea hacerle casa a Jehová.

El rey David había traído el arca, una preciosa celebración tuvo lugar en medio de música, canciones y danzas. El rey había cumplido la voluntad de Dios; ahora él tenía una preciosa iniciativa, hacerle casa a Jehová.  Natán el profeta lo motiva con las siguientes palabras: “Haz todo lo que está en tu corazón, porque Dios está contigo.” Es interesante la lógica contenida en las palabras “Si Dios está contigo” entonces “haz lo que quieras”; si soy hijo de un rey debo vivir como tal. Si mi Padre es Dios y él me ama, entonces ninguna enfermedad, problema financiero u otro me derribarán. Si Dios es dueño de todo y todo le pertenece a él, entonces seré rico y lo tendré todo.

La respuesta de Dios no se dejó esperar porque “...en aquella misma noche vino palabra de Dios a Natán...” Nadie cuestionaría la autoridad del alguien como el profeta Natán; era definitivamente un varón de Jehová. Las palabras que el profeta había hablado en nombre del Señor se habían cumplido. Es difícil poner en duda las palabras o consejos de alguien que posee el respeto y la confianza de otros. Es por ello que la respuesta de Dios no se hizo esperar. El consejo de Natán confirmaba el deseo de David, un deseo por cierto noble y bueno. Tan bueno y noble como cuando Pedro le dice a Jesús: “Señor, ten compasión de ti; en ninguna manera esto te acontezca”. En aquella ocasión la respuesta de Jesús tampoco se hizo esperar y un “¡Quítate de delante de mí, Satanás!; me eres tropiezo, porque no pones la mira en las cosas de Dios, sino en las de los hombres”.

Ahora el Señor le dice a David por medio de Natán: “Tú no me edificarás casa en que habite.” Recién el profeta le había dicho “haz lo que quieras porque Dios está contigo” y ahora Dios le dice “haz lo que lo yo quiero”.  El consejo de Natán fue incorrecto y pudo costarle caro al rey David.

Cual sería el asombro del rey cuando el Señor le dijo: “ Jehová te edificará casa”. Dios no estaba en contra de David, ni le incomodaban sus deseos; pero había algo que David tenía que entender: que quien manda es Dios; quien decide la historia de nuestras vidas es Dios. Qué triste es cuando hacemos planes, tomamos decisiones y luego nos acercamos a Dios para que él bendiga nuestros planes.

Aplica
¿Eres de los que hacen planes y luego buscan a Dios para que los bendiga? ¿Sabes discernir entre el consejo humano y el consejo de Dios? ¿Qué influye más tu vida, la palabra de Dios o las personas?

Ora
He aquí tu siervo, haz conmigo conforme tus santos propósitos.

Autor: Arturo Olguín