Respetando leyes espirituales

1 Crónicas 15.1-24

El rey David y el arca.  “El que lucha como atleta, no es coronado si no lucha de acuerdo a las reglas.”

Las experiencias negativas se convierten en consejos positivos cuando sacamos enseñanzas prácticas de las mismas. El rey David entendía esto muy bien. Había que trasladar el arca a Jerusalén. No sólo había que hacerlo, se debía hacer de acuerdo a las reglas que Dios había establecido, pues el fin no justificaba los medios. Un intento errado anterior le había costado la vida a Uza (1 Cr. 13.6-10).

Hay tres cosas que el rey David aprendió de esta dura situación:

1.  Obediencia. Las cosas se hacen como Dios pide.  Obviamente David aprendió la lección; las buenas intenciones no cuentan; sólo tienen sentido si por medio de ellas cumplimos la voluntad de Dios. No es el resultado lo que cuenta; no es si tal acción me conviene o no.  La gente busca consejo porque quiere sentirse mejor, no necesariamente porque quiere agradar a Dios. Dios no nos llamó a ser personas de éxito sino personas OBEDIENTES (2).

2.  Santidad: cuando el motivo y la acción forman una unidad.  Hablar de santidad para algunos es hablar de un tema anticuado, no realista y en muchos casos el causante de muchos daños; la santidad no es un problema es la solución a nuestros problemas. No sólo Dios quiere una obediencia externa sino un compromiso interno (12).

3.  Temor (13).  El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.  Definitivamente aquel incidente marco la vida de David (1 Cr. 13.11,12).  Fue este temor que le impulso a tomar medidas radicales. No podemos pretender romper las leyes físicas. Podría costarnos la vida misma; de la misma manera no podemos pasar por alto las reglas espirituales que Dios ha establecido.

Aplica
¿Qué has perdido por desobediente? ¿Qué pecados están empezando a permanecer en tu vida de manera crónica? ¿Qué te está costando la residencia permanente de estos pecados? ¿Qué mas podrías perder si no decides poner fin a esta situación? ¿Te da temor el saberlo?

Ora
Señor, perdóname por las muchas veces que pretendí usarte y no dejar que tú me usaras a mí.