¿Suerte o bendición de Dios?

1 Crónicas11.1-25    

Primero ungen a David como rey (1-3). Segundo: David conquista Jebús. Tercero: Los jefes del ejército lo apoyan y ponen en riesgo su vida por la de él.

El triunfo de David no fue casualidad ni buena suerte. Tampoco fue el resultado de una buena campaña política. No fue el aprecio que le tenían sus amigos o aliados, o el aprecio que tenía él por ellos. Se debió a que David era el elegido por Dios para ser el rey en ese momento de la historia. ¿Te has puesto a pensar qué es lo que Dios ha dispuesto para ti en este momento de la historia?  Definitivamente, lo que ocurra en nuestra vida en las próximas horas o días no será producto de la casualidad, sino de la intervención directa de Dios en el cumplimiento de sus propósitos para nosotros.  Cuán importante es estar atento al actuar soberano del Señor, de modo que dispongamos el corazón para obedecerle cuando entendamos por su palabra qué es lo que él espera de nosotros.

Como rey escogido por Dios, sabía lo que significaba ese lugar; por eso hizo pacto de fidelidad a Dios y al pueblo.

Hoy día también muchos gobernantes y presidentes juran sobre los santos evangelios para mostrar su compromiso y veracidad, pero tristemente, después de transcurrido algún tiempo, vemos cuán livianamente tomaron ese acto, ya que muy pocas veces cumplieron con lo que prometieron.

Volviendo a la vida de David, vemos que los resultados no se hicieron esperar: en su actuación como conquistador obtuvo la victoria, Aún frente a las amenazas de derrota (5). Su gobierno se fortalecía pues tenía el aval de Dios y además el apoyo incondicional de sus soldados y jefes, a tal punto que ponían la vida por él.

Aplica
David pudo llegar a cumplir su misión pues era un hombre conforme al corazón de Dios (1 S. 13.14).  Dios también te ha elegido para cumplir una misión en tu generación. ¿Qué cosas buenas quieres que sucedan como bendición de Dios? Según la lectura de hoy, ¿está tu corazón conforme a lo que él quiere para ti? ¿Qué harás?

Ora
Examíname Señor, conoce mi corazón. Quiero agradarte en todo lo que haga; especialmente ayúdame a cambiar en aquello que me has hablado hoy.