La familia de Jesús

Mateo 12.46-50

¿Quiénes son la madre y los hermanos de Jesús?

Su madre y sus hermanos “le querían hablar”.  Habían intentado ingresar hasta donde se encontraba Jesús, pero no podían, a causa de la gran multitud (Lc. 8.19). ¿Tendrían algún motivo para estar preocupados? Tiempo atrás, la predicación de Jesús en Nazaret había obligado a la familia a trasladarse a Capernaum (Jn. 2.12). Ahora él había desatado la blasfemia oposición farisaica. Además había informes de sus amigos de que al parecer la tensión de su ministerio le estaba minando la salud (Mr. 3.21).  Las preocupaciones de sus familiares no tenían razón de ser pues el destino de Cristo era dar su vida en rescate por muchos.  Recordemos que camino al Calvario Jesús les dijo a las mujeres que lloraban que no se preocuparan por él, sino por ellas mismas y sus familias por todo lo que acontecería en Jerusalén.

 “¿Quién es mi madre?” (48). Mediante esta sorpresiva pregunta Jesús despierta la atención de la multitud para que reciba una preciosa verdad (50):  “Todo aquel que hace la voluntad de mi Padre es mi madre y mis hermanos”. Este “hacer” no significa la justificación por las obras, sino que es la respuesta del ser humano a la invitación de Cristo (Jn. 6.29). El que en él cree pasa a formar parte de su familia espiritual.  La voluntad de Dios es que creamos en el que ha sido enviado para otorgar eterna salvación a los que por fe se acercan a él. La relación espiritual entre Cristo y los creyentes es tan íntima que ninguna relación familiar, por más íntima que sea, se le puede comparar.

La pregunta que Jesús hizo no significó en ningún momento una falta de respeto ni a su madre ni a sus hermanos, pues incluso ellos también participarían de esa relación espiritual que nos une a la familia de Dios (Hch. 1.14).

Aplica
¿Eres parte activa de la familia de Dios, su Iglesia? Si así es ¿en qué forma lo demuestras? ¿Tienes familiares que todavía no han rendido su vida a Cristo? ¿Ven algo en tu vida que los anime a rendirse a Cristo?

Ora
Gracias Señor, que por tu sangre me compraste y por tu Espíritu me hiciste parte de tu familia.