¿Caminas por fe o por vista?

Mateo 12.33-45

Con Dios es posible creer sin ver.

Jesús nos recuerda que lo que decimos revela lo que hay en nuestro corazón. Tenemos que permitirle al Espíritu Santo que renueve nuestras actitudes día a día y así la fuente de nuestro vocabulario se conservará limpia.  Sometámonos al Señor y él nos ayudará a mostrar con hechos y palabras su obra en nuestro ser.

Los fariseos pedían otro milagro pero no buscaban con sinceridad conocer a Jesús (38). Él sabía que ellos ya habían decidido no creerle, a pesar de haber visto muchos de sus milagros. El Señor les prometió (39) una señal aun más sorprendente a la que llamó la “señal de Jonás”: su propia resurrección, el prodigio más grande que sellaría la redención de la humanidad.

Nínive, la poderosa y corrupta capital del imperio Asirio (Jon. 1:2), se arrepintió como respuesta al mensaje de Jonás; la reina de Sabá viajó una gran distancia para aprender de la sabiduría de Salomón, rey de Israel (Lc. 11.31-32). Sin embargo, y a diferencia de estos gentiles que reconocieron la verdad de Dios cuando se la presentaron, los líderes religiosos no reconocieron a Jesús como el Mesías, a pesar de que lo tenían delante.

Cristo pronunció una panorámica profecía sobre la nación de Israel y la ilustró con un endemoniado (43-45). Esa generación, en su preocupación farisaica por lo exterior y no por lo interno del corazón, era como una casa de la cual han salido los demonios: desocupada, barrida y adornada. La entrada de siete demonios peores, predecía el control demoníaco de los últimos días, sobre todos los que, como Israel, rechazan al Señor (2 Ts. 2.8-10; Jn. 5.43).

Aplica
¿Con qué hechos concretos demuestras al mundo que eres salvo en Jesús? ¿A qué atribuyes tu confianza en Jesús? ¿Honras a Dios con todo lo que dices, y tu hablar es agradable y edificante a quienes te oyen? ¿Estás entre los que buscan y piden la sabiduría que viene de lo alto?

Ora
Jesucristo, te reconozco como el único Señor de mi vida, ayúdame a seguirte fielmente.