El rey de mi vida

Mateo 12.15-21

Jesús tenía mucho que enseñar a sus discípulos y a la gente.

Hasta ahora Jesucristo había confrontado con dureza la hipocresía de los fariseos. Pero decidió salir de la sinagoga para evitar una mayor confrontación pues aún no le había llegado la hora de morir. El Señor no quería que los que habían sido sanados le dieran a conocer a otros (16) para que éstos no acudieran a él por motivos impropios. Esto podía desfigurar su ministerio de enseñanza y crear falsas expectativas sobre su reino terrenal. 

A pesar del riguroso encargo, las noticias de sus milagros se difundieron y muchos iban a ver lo que estaba pasando (Mr. 3.7-8).  ¿Te has puesto ha pensar acerca de cuáles son las motivaciones que te mueven a buscar al Señor? 

Mateo citaba el Antiguo Testamento porque quería demostrar a los judíos que Jesús era el enviado de Dios, el Mesías (17-21). Éstos creían que la Biblia anunciaba a un Mesías, pero no que Jesús lo fuera. Esta profecía enseñaba que el Mesías no iba a ser el conquistador pomposo que tanto deseaban los judíos, sino un manso juez (Is. 42.1-7). La gente esperaba que el Mesías fuera un rey, y esta referencia de Isaías muestra que Jesús sí es Rey. Pero describe qué clase de Rey es: calmo, gentil, que brinda justicia a las naciones, cuya obra es silenciosa y realizada en el momento oportuno.

Aplica
¿Le estás permitiendo al Señor ser el Rey de tu vida? ¿Si no es así, qué te impide hacerlo? ¿Puedes enumerar acciones tuyas que evidencian el reinado de Cristo sobre tu vida?

Ora
Señor, abro a ti mi corazón; te invito a ser mi maestro y mi Rey.