El refugio perfecto

1 Samuel 22.1-23

Muchas veces nos sentimos desprotegidos, vulnerables a cualquier ataque y al alcance de nuestros enemigos; en ese momento busquemos el refugio perfecto.

El cansancio estaba agobiando a David, y junto con ello muchas emociones galopaban en su corazón.  Había necesidad de un refugio, entonces buscó una cueva, la cueva de Adulam (1), que quizás no fuera un lugar confortable, pero sí de utilidad a los propósitos de Dios.  En todo esto lo importante es lo que pasó dentro de ese lugar tan oscuro.  Ven conmigo y veamos qué pasó allí. ¿Puedes ver a toda la familia de David (1)? ¿Qué más observas? Ah, también se unen a él todos los afligidos, los que estaban en amargura de espíritu.  ¿Qué aprendemos de este episodio? Dios permite esos momentos oscuros para que nos demos cuenta que:

1. El afecto familiar es como un bálsamo que sana nuestras heridas.

2. Los problemas nos vuelven más sensibles a las necesidades de los demás.

3. Estarána tu lado los que realmente te aman.

No descuides tu familia. Tus familiares son los primeros que se unirán a ti incondicionalmente.  Cultiva la verdadera amistad con aquellos que sin importar tu condición estarán a tu lado.

Una recomendación final, es mejor que vayas a la cueva de Adulam que a la sombra del tamarisco (6) (Árbol de granado, cuya hoja es amarga) donde estaba Saúl.  La cueva de Adulam simboliza el lugar que te hace sensible a Dios y a los demás. La sombra del tamarisco simboliza aquello que te da amargura y puedes llegar a guardar tanto resentimiento que hasta puede llegar a causarle un gran daño a los que visten “efod de lino” (líderes espirituales) (18).

Aplica
¿Buscas refugio? Ten cuidado, hay muchos refugios falsos: la amargura, el resentimiento, la venganza y otros;  refúgiate en Dios, él te apacentará y enviará a ti a la agente que realmente te ama para consolar tu corazón. Espera en Dios, él hará.

Ora
Amado Padre celestial, gracias porque mientras me refugié en ti, sanaste mi corazón.