¡Uf! ¡un poco más y…!

1 Samuel 19.1-24

La protección divina opera en conjunto con las tácticas humanas para cumplir en la vida de los siervos del Altísimo su plan perfecto.

Parece una paradoja, pues, por hacer lo mejor para su rey y para su pueblo, David es convertido en enemigo del rey.  Pero el Dios que lo ha puesto donde está y le ha dado lo que tiene, lo auxilia por medio de:

La intervención de Jonatán. Las órdenes del rey dicen a todos los súbditos que maten a David, pero el mismo hijo del rey sabe que esa es una locura que atenta contra un inocente y benefactor del pueblo (1-7).  El rey compromete su palabra ante Dios de nuevo y revoca la orden (6).

El apoyo de Mical. Los celos ciegan y enloquecen de nuevo al voluble rey e intenta de nuevo matar a David (7-10). La persecución se reinicia, pero Mical ayuda a su esposo a huir de la ira de su padre (11-17).

La ayuda del profeta Samuel. Consciente del peligro que se cierne sobre él, David huye a Ramá y busca al profeta Samuel, quien lo apoya y lo invita a vivir junto con él (18).

La intervención del Espíritu de Dios. Al rey no le importa que David esté con el profeta. Envía a sus hombres a capturarlo, mas el Espíritu de Dios toma a esos soldados y no cumplen la encomienda. Enviados el segundo y el tercer contingente tampoco logran su objetivo. Así que va Saúl en persona y tampoco logra su cometido pues el Espíritu de Dios lo inmoviliza y lo hace profetizar (18-24).

Aplica
Dios dice: “El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente” ¿Puedes creer que esto tiene que ver contigo y tus circunstancias? ¿Estás convencido que Dios puede auxiliare de una y mil formas, si sólo esperas y te refugias en él? ¿Hay alguien que necesita que lo auxilies?

Ora
Quiero, Señor, declarar que tú eres mi luz y mi salvación, ¿de quién temeré? ¿De quién he de atemorizarme?