Raras armas de guerra

1 Samuel 17.38-58

Es imperioso que peleemos nuestras batallas tomando “toda la armadura de Dios”.

Ahora que David ha expresado ante el rey su convicción de que el ejército de Dios debe confiar en la victoria que da el Señor, está obligado a demostrarlo en medio de las siguientes circunstancias:

Lo visten con la mejor armadura humana disponible (38). Los mejores recursos que tienen disponibles son los implementos (armadura) de guerra del rey, los cuales son ofrecidos a David (38-39).  La intención era buena pero nada conveniente porque las batallas del Señor deben enfrentarse con los recursos y a la manera de Dios.  

Desecha la armadura humana y toma lo que sabe usar (39, 40). No sintiéndose cómodo deja de lado la armadura del rey y echa mano de sus “armas” pastoriles: honda, piedras y báculo.  Debemos aprender a despojarnos de todo aquello que en lugar de ser de utilidad puede constituirse en un estorbo.  No podemos depender de Dios para ganar la batalla sin antes habernos despojado de todo peso de pecado.  Nuestras armas no son carnales sino espirituales y poderosas en Dios para enfrentar al enemigo (45-47).

Insultado y menospreciado responde con la fe de que la pelea es contra Dios, quien siempre resulta victorioso. El paladín filisteo y su ayudante menosprecian a este jovencito y lo denigran (42-43). Pero David sabe muy bien que las armas y la pericia humanas no pueden derrotar al Dios Omnipotente (44-51). La muerte del “hombre fuerte” de los filisteos anima al ejército israelita y obtiene una gran victoria (52-54).

Victorioso, David es presentado a Saúl (55-58).  La victoria no embriagó el corazón de David y ante la pregunta del rey declara su condición de siervo.

Aplica
¿De qué armas echas mano cuando te enfrentas a tus “Goliats”? ¿Acostumbras confiar en las “armas humanas”, en tus “consejeros”, en tus “estrategias” más que en Dios?  ¿Tomas en cuenta que “las armas de nuestra milicia no son carnales sino poderosas en Dios” (2 Cor. 10.4)?

Ora
Señor de los Ejércitos, ayúdame a darme cuenta que las guerras contra tus hijos son también contra ti.  Permíteme desechar las armas humanas y usar las “armas de justicia”.