Deseo de poder

Lucas 9.37-50

Jesús está presente en situaciones extremas, supliendo nuestra debilidad con su gracia.

La popularidad de Cristo. “Una gran multitud les salió al encuentro” (37). El clamor hacia Dios con fe siempre encuentra respuesta. Uno de la multitud exclama “Maestro, te ruego…” expresando así su confianza en el único que podría tener respuesta a su necesidad.

El dominio y el poder de Jesús. Se demuestra reprendiendo al demonio y sanando al muchacho. Dios obra, Dios ama, aún en medio de la ceguera espiritual, Cristo es fiel y justo. El padre había intentado encontrar una solución a través de los discípulos. Pero ellos “no pudieron” (40).

La ambición y la confusión humana. Jesús había anunciado a los discípulos la forma en que iba a morir (22) y ahora volvía a hacerlo (44). Los discípulos seguían sin entender, tal vez, porque esperaban la repartición de los cargos y responsabilidades futuras. En sus mentes ya había aparecido la idea de ejercer poder.

Como seres humanos, tenemos deseo de poder, de control. Jesús lo sabía y nos enseñó que su camino es muy diferente. Sólo existe un poder que ejercemos: el dado por Dios y para gloria suya. El resto es el camino de la cruz (22, 24).

Aplica
¿Puedes identificar en ti mismo algún deseo de poder similar al de los discípulos? ¿En qué área de tu vida lo experimentas? ¿Qué transformación quieres que Dios opere en ti?

Ora
Gracias Señor Jesús por tu compañía y tu gran amor. Te alabo mi Dios.