Las apariencias engañan

Lucas 11.37-54

“Le rogó un fariseo que comiese con él…”.

En realidad los fariseos nunca quisieron llegar a ser “fariseos”. Es decir nunca quisieron llegar a negar con sus hechos sus dichos, ni tampoco a ser falsos, ni tampoco a ser engañadores con sus enseñanzas, ni tampoco a ser ejemplos de lo que no hay que ser.  Hoy en día acusar a alguien de ser fariseo es decirle falso, hipócrita.  Este fariseo en particular invito a Jesús a su casa a comer. Jesús aceptó. Al fariseo le fue mal. Jesús terminó acusándolo de rapacidad, de maldad, de necedad (39, 40, 41). También cayeron los escribas que estaban dando vueltas. Jesús los confronto duramente. La invitación terminó prácticamente en un escándalo generalizado.  Pensar que todo comenzó con una invitación a comer. Lección para nosotros: nunca juguemos al fariseo con Jesús. ¿Saben por qué el rey David sobrevivió?  ¿Saben por qué las prostitutas van delante de los fariseos en el Reino? ¿Saben por qué Pedro fue bendecido y Judas murió?

¿Saben? Porque aprendieron que con Jesús no se puede jugar a ser fariseo. Jesús mira el corazón y desnuda nuestros pensamientos y nuestras motivaciones. Para el fariseo era mayor el problema que Jesús no se lavara las manos que tener la presencia del Señor de los Señores en su casa. ¡Qué privilegio perdido! Realmente jugar a ser fariseo no sirve.

Sirve mejor ser honesto, ser temeroso de Dios, amar Su Presencia, vivir en Su Gracia, y depender de Sus explicaciones y no de las nuestras.

Aplica
¿Cómo te ve Dios, por debajo de tus apariencias? ¿En qué áreas de tu vida prestas atención a las apariencias más que a tu interior? ¿Eres un instrumento para que otros crean en Jesús? ¿Qué podrías hacer para ayudar a un hermano legalista?

Ora
Padre, perdóname si no he sido coherente con lo que creo, lo que digo y lo que hago.