Viendo como Dios ve

Lucas 11.27-36

“Nadie pone en oculto la luz… para que los que entran vean…”.

Siempre me ha llamado poderosamente la atención la manera que los no videntes se mueven en sus lugares conocidos. Una persona ciega que conozco, cocina, prepara alimentos, limpia, apaga calentadores, etc. y se mueve en su cocina a veces mejor que una persona que es vidente. El no vidente supera su discapacidad desarrollando facultades sensoriales que los otros que ven no lo hacen.  El mundo del apóstol Juan estaba dividido en la luz y las tinieblas.  El mundo griego aspiraba por la luz en contra de las tinieblas.  Las tinieblas hacen que lo tangible se transforme en oculto. Por ello cuando hay un apagón en la casa nos tropezamos con todos los muebles posibles. Cuando la luz vuelve los objetos tangibles vuelven a su lugar. Ahora los esquivamos, los evitamos. La luz da forma a la masa oscura que carece de formas. La luz del Evangelio viene y nos ilumina lo tangible y lo intangible de nuestro ser. Ahora vemos al Señor. Ahora entendemos su Palabra. Pero no tan solo eso, el creyente se transforma en un portador de la luz. Tremenda responsabilidad. Otros que no ven reciben luz de nuestras vidas. Comienzan a distinguir y sobre todas las cosas entienden la diferencia entre la luz y las tinieblas. ¿Serás luz de otros? ¿Estas dispuesto?

Aplica
¿Qué uso estás haciendo de la luz del conocimiento que Dios te ha dado en su Palabra? ¿Cómo se ve tu testimonio en el medio en donde te mueves? ¿Cuál será tu actitud hacia otros hermanos que difieren en algo de ti?

Ora
Padre, gracias por hablarme este día, ayúdame que sea un hacedor de tu Palabra