El poder de la oración

Lucas 11.5-13

“…Todo aquel que pide…”.

Una gran ausencia de motivación espiritual es cuando en el peregrinaje de la vida perdernos la capacidad de pedir: pedir a Dios.  ¿Será posible? Sí. Dios nos dio un mecanismo humano para actuar en medio de las circunstancias que requieran decisión. Sabemos que si actuamos de tal manera lograremos tales cosas. Nuestra capacidad de racionalidad, de intelectualidad, de inteligencia aún emocional, son dones de Dios. Todo esto lo usamos para tomar las muchas decisiones diarias que debemos. Tenemos que ir a tal lado. Decidimos cómo. En auto, en colectivo, a pié, etc. Tenemos que comprar tal cosa, y el mecanismo decisorio se pone en marcha. Analizamos las opciones. Escogemos la mejor.

Ahora: ¿cuándo le pedimos a Dios? Indudablemente cuando nuestra necesidad excede el marco de nuestra racionalidad. Por excelencia. Es como si pensáramos que no debemos molestar a Dios por aquellas decisiones que uno puede tomar por si solos. ¿Será así? ¿No será que vivimos de una manera tan “racional” tan “terrenal” por el solo hecho de que no “pedimos a Dios”?  ¿Qué es pedir a Dios? Pedir a Dios es poner en marcha lo sobrenatural.  Hay respuestas que deberán venir sobrenaturalmente sobre nuestra vida natural. Pedir a Dios es comenzar a vivir de manera extraordinaria. Por lo menos, así nos enseñó el Maestro.

Aplica
¿Cuánto tiempo llevas pidiendo eso que tanto necesitas? ¿Hay alguna cosa que necesites y no tienes, simplemente porque no pides? ¿Cuál es tu actitud con lo que eres, haces y tienes?

Ora
Señor, tú tienes el control de mi vida. Gracias por las bendiciones y aún por las circunstancias adversas.