Seguidores auténticos

Lucas 9.51-62

El Hijo del Hombre no vino para condenar las almas de los hombres, sino para salvarlas.
 

Jesús envía mensajeros para preparar su camino hacia Jerusalén. Al tratar de pasar por Samaria, ciudad enemiga de los judíos, es rechazado. Los prejuicios prevalecen en esta ocasión y aún el Señor (un judío más para los samaritanos) es rechazado, a pesar de su intento de compartir el amor y sus luchas contra tal prejuicio.

El Señor se encuentra con tres “seguidores” diferentes: a) el incondicional (57), quien no tenía la menor idea de lo que le estaba diciendo al Señor y del costo de seguirle. b) el egocéntrico, que prefería atender su vida e intereses personales antes que seguir al Señor; y c) el eventual, que piensa que a Dios se le puede servir de vez en cuando.

Dios nos llama a seguirle. La oportunidad está abierta continuamente y Dios espera nuestra iniciativa para que restablezcamos nuestra relación con él. Está en nosotros la prerrogativa de quitar los obstáculos, de abandonar la indecisión o pasividad. El espera una respuesta consciente y sincera de nuestra parte.

Aplica
Dios te llama a servirle. ¿Con cuál de los tres “seguidores” de este pasaje te identificas? ¿Qué respuesta darás a la invitación del Señor a seguirle?

Ora
Muchas gracias Dios, por tu amor. Permíteme servirte, mi Señor.