Una bendición, una maldición

2 Reyes 2.19-25

Los primeros trabajos de Eliseo como el nuevo profeta de Dios.

Aquí comienza el ministerio profético de Eliseo, quien lo inaugura con dos extraordinarias demostraciones de que Dios estaba sobre él.

La purificación del agua de Jericó (19-22): Esta ciudad nunca gozó de buena reputación. Recordamos la maldición pronunciada por Josué sobre quien se animara a reconstruirla (Josué 6.26)  y cumplida en el reinado de Acab (1 Reyes 16.34). Pero la actitud humilde de sus moradores de pedir la ayuda del hombre de Dios de sanar las fuentes de sus aguas para que pudieran comer, mueve la misericordia de Dios. ¿Será suficiente un puñado de sal para transformar agua mala en agua potable? Tal vez fue la actitud de obediencia y dependencia de la provisión divina la que produjo el milagro. Las palabras de Eliseo son claras: "Dijo Jehová: Yo sané estas aguas..." (21). No podemos ignorar la relación con las palabras de Jesús: "Vosotros sois la sal de la tierra". La presencia de los hijos de Dios tiene que tener este efecto sobre todo lo que tocan.

El insulto al calvo (23-25): Eliseo vuelve al lugar anterior al que había estado con Elías, visitando la escuela de profetas. Pero la actitud de esta gente fue opuesta a la de Jericó. Las burlas al siervo de Dios, probablemente desafiándolo a repetir el milagro de ascensión de Elías muestran falta de respeto y desprecio. No había internet, ¡pero las noticias volaron! Dios respaldó las palabras de juicio de Eliseo, y los osos fueron sus ejecutores. Cuarenta y dos vidas jóvenes.

Aplica
¿Cómo pueden tus palabras y acciones tener el efecto de la sal de Eliseo en las fuentes de las vidas que me rodean? Escoge una vida que conozcas e intencionalmente dale palabras o haz algo específico que tenga este efecto transformador.

Ora
Señor, bendigo a esta persona y te pido que por tu Espíritu lo que dije e hice obre para su salvación eterna.