Purificación dolorosa

Ezequiel 22.1-31

Al concluir esta serie de lecturas con énfasis en la cultura de muerte, leemos que Dios hace un análisis muy negativo de la ciudad; la trata como si fuera una persona (3-5).

La ciudad toma la personalidad de sus habitantes. Así sucede con todas las ciudades, incluyendo el pueblo donde vives, sus habitantes son los que le dan esas características.

Los líderes sociales son responsables en parte del carácter que toma la ciudad y el problema más común de los líderes políticos es abusar del poder que tienen en sus manos (6).

Los individuos tienen mucha responsabilidad por lo que sucede en la ciudad y esas responsabilidades son mencionadas en detalle (7-12). Todos los pecados, aún cuando son cometidos por un individuo, afectan a la sociedad; la mala conducta de una persona tiene consecuencias en la familia, las instituciones y toda la sociedad.

Los líderes espirituales del pueblo se encuentran tan corrompidos como el pueblo (25-29), predican el enriquecimiento en lugar de la obediencia (25) y justifican el pecado en lugar de condenarlo (26).

Los problemas y el sufrimiento son el fuego que usará Dios para elevar la temperatura y quemar la escoria (17-22). Dios expresa su decepción por la cultura (13-16); no hay purificación sin fuego. No es destrucción, sino purificación a fin de eliminar el pecado. El juicio comienza cuando el pueblo paga sufriendo las consecuencias del pecado (30-31).

Los fieles tienen un rol importante en una cultura de muerte (30-31). Dios espera de sus fieles que se mantengan firmes dentro de una cultura de muerte. Dios no pide que cambien la sociedad; sino que cada uno cambie su conducta. Esto cambiará la sociedad.

Aplica
¿Cuál es la personalidad de tu pueblo? ¿Quiénes contribuyen al carácter de tu pueblo? ¿Cuál es tu contribución para cambiar el pecado de la ciudad? ¿Cómo haces para mantenerte firme en una cultura que promueve el pecado? ¿Qué cosas te niegas a hacer?

Ora
Perdóname Señor, por mi falta de fidelidad a tu voluntad. Dame la valentía de mantenerme firme.