No hay conducta sin consecuencias

Ezequiel 21.18-32

Dios usa a Babilonia para castigar y luego castiga a Babilonia por haber tocado al pueblo de Dios. ¡Gran paradoja!

Dios le habla al profeta en forma de drama (18-23). Un país ataca a otros dos; Babilonia ataca a Judá y los amonitas. En las películas estamos acostumbrados a ver dos lados; aquí el escenario es más complejo, hay tres fuerzas emergentes; cada una de ellas de una cultura pecaminosa diferente. Pero el Dios de justicia está detrás de todo como una cuarta fuerza que hará justicia con cada uno.

El asesino mencionado en 21.11 y 16 es el rey de Babilonia (19). El éxito de su reinado fue una cultura de muerte basada en la magia, los cultos paganos y la violencia (21-22). El éxito no siempre es señal de buenas acciones; Babilonia tiene éxito a pesar de su pecado. Por otro lado, el pueblo de Dios cree que porque Babilonia es injusta y pagana, ellos tendrán el beneplácito de Dios. Pero llamarse “pueblo de Dios” no es suficiente, porque ellos también seguían más su cultura de pecado (23) que la obediencia a la palabra de Dios.

La palabra de Dios es muy clara: las malas conductas acarrean consecuencias (23b). El versículo 24 condensa la fórmula en dos conceptos: conducta = consecuencias. No es posible vivir un estilo de vida sin sufrir sus consecuencias y menos aún, no se puede vivir de una manera y culpar a otros por las consecuencias: “La persona que peque morirá” (18.4). Y la cultura que promueve la “iniquidad” (23) acelera la muerte física y espiritual; ésta es siempre la consecuencia lógica del pecado. Aquí se ve cómo Babilonia ejecuta el castigo al pueblo de Dios, pero luego Dios castiga a Babilonia por su propia conducta de violencia y muerte (30-32). Dios hará justicia con su pueblo y cualquier otro pueblo que corrompa las leyes de Dios.

Aplica
¿Cuántos de nosotros nos preocupamos más por un candidato político que por hacer que nuestra cultura se acerque más a Dios? ¿Te consideras uno éstos?

Ora
¡Dame, Señor, el valor para reconocer el pecado en mí y en mi cultura! Dame el discernimiento para distinguir lo aceptable de aquello que te ofende.