La arrogancia en el liderazgo

Ezequiel 19.1-14

Observa lo que Dios dice de los líderes de la sociedad; compara sus conductas y actitudes con los líderes de tu comunidad.

El profeta escribe una canción, un lamento, donde critica el liderazgo de su pueblo. Los líderes según el corazón de Dios no están para ser elevados al punto de superioridad. Por el contrario, la marca de todo líder es la de un siervo, que busca el bien de su pueblo aún a costa del bien personal. El modelo es Jesucristo (Juan 13.12-17). Así deben ser los padres como líderes del hogar, los pastores como líderes de la iglesia y los políticos como líderes del país; todos ellos están para servir y no ser servidos.

Dentro del lamento hay dos parábolas que describen aspectos detestables en el liderazgo y podrían ayudarnos a evaluar a los líderes de nuestra comunidad.

Abuso del poder. Toda sociedad produce sus líderes. Siempre que haya un grupo humano, se generará un líder. Dios creó al ser humano de esta manera. No es malo ejercer el liderazgo, pero es pecaminoso abusar de esa posición. Tener una posición de liderazgo no autoriza el abuso de otros (3, 6) y es el líder el responsable principal de discernir la manifestación del abuso del poder.

Arrogancia. La arrogancia hace que la persona se crea autosuficiente y superior a otros. El arrogante no reconoce que su vida y fortaleza depende de factores externos, tal como la vid depende del agua. Los arrogantes se creen poderosos y sin necesidad de Dios, confían en sus propios sistemas de poder y quedan atrapados en ellos; en lugar de reconocer sus errores, hacen responsables a otros.

Ezequiel es claro al señalar que la caída de un líder o de un grupo, generalmente es producto de sus propios errores (4, 8, 13, 14).

Aplica
¿De qué manera se manifiesta el abuso del poder y la arrogancia en los líderes de tu comunidad? Aún cuando tienes autoridad para evaluar a otros, comienza evaluando tu propio liderazgo.

Ora
Dame Señor la sensibilidad para reconocer las virtudes y falencias de mi liderazgo. Dame la humildad de reconocer lo que debo cambiar.