Un corazón nuevo, base para la justicia

Ezequiel 18.21-32

¿Es posible que una persona se rebele contra quien le dio la vida y le protege a diario? Obviamente esta es la lucha que se describe en el mensaje de Ezequiel. ¿Sucede hoy lo mismo en tu contexto?

Ante un accidente, enfermedad o desastre natural, siempre está quien dice con frustración “¿Cómo es posible que Dios permita esto?” Los seres humanos son rápidos en responsabilizar a Dios por lo que sucede (25, 29). Pero no se juzga de la misma manera las conductas incorrectas de otros seres humanos. Se demanda justicia, pero no se detiene para identificar las conductas personales que causan injusticias.

Dios espera que cada uno cambie su conducta. Los cambios comienzan dentro de la persona: “háganse de un corazón y de un espíritu nuevos” (31). La transformación de Dios comienza adentro de la persona, de donde emerge una nueva conducta (24). Sin la transformación de la persona no hay remedio para la injusticia. Esta es la diferencia con los que intentan cambiar la sociedad desde afuera, los políticos con leyes, los educadores con conocimiento, o los sicólogos modificando la conducta.

Dios no se alegra de ver gente encarcelada, muerta a mano de pandillas o asesinada por venganza. Tampoco Dios se complace en castigar al ser humano (23), sino que se conmueve con el arrepentimiento de sus hijos. La lectura de hoy es un llamado a abandonar y desaprobar los elementos de la cultura que llevan a la muerte (21, 27, 28). El arrepentimiento comienza admitiendo el pecado; no es posible cambiar si no se acepta primero la responsabilidad por la mala conducta. La persona que recapacita (28) renueva su corazón y transforma su vida (31).

Aplica
Toma tiempo para evaluar tu vida y tus conductas. ¿Qué hay en tu vida que ofende a Dios? Toma tiempo para consagrarte al Señor. ¿Qué pecados hay en tu sociedad que debes desaprobar?

Ora
Señor, vengo delante de ti para confesar mi pecado y mis conductas ofensivas. Recibe mi arrepentimiento y concédeme un corazón nuevo.