Elementos pecaminosos de la cultura

Ezequiel 17.1-24

Las próximas diez lecturas, capítulos 17 a 22, contiene el mensaje que Dios le dio al profeta Ezequiel, llamando al pueblo a distanciarse de la cultura de pecado en la que se encuentran.

Los seres humanos crean cultura y en ella expresan su naturaleza pecaminosa (12), de ahí que no todos los elementos de una cultura son buenos o aceptables. Dios no acepta excusas tales como: “¡Así somos los (añade tu nacionalidad)!” Esta excusa demuestra la rebeldía de quien le dice a Dios que no tiene intenciones de cambiar (18.24). Con esta perspectiva cultural específica meditaremos los próximos diez pasajes: el pueblo de Dios está llamado a dejar los elementos pecaminosos de la cultura en que vive.

En la lectura de hoy, Dios plantea dos parábolas. La primera (3-10) describe la relación del pueblo de Dios con los poderes políticos de ese momento: Babilonia y Egipto. La ambición de los líderes (7) los llevó a buscar alianzas políticas que alimenten su estilo de vida. Romper las promesas hechas a fin de lograr algo deseable (18) ofende a Dios. Ser infiel a sus propias palabras, es prometer hacer algo, pero llegado el momento, no cumplir con lo prometido. 

La segunda parábola describe la acción de Dios. La cultura de una sociedad se parece a un cedro de muchos años (22-24), que parece imposible de destruir. La historia nos muestra que grandes culturas como la babilónica, la romana, la azteca o la inca, todas perdieron su gloria. Pero de en medio de una cultura de pecado, Dios sacará un brote y lo hará florecer (24). Dios manifiesta su gloria al levantar un nuevo pueblo de en medio de un cultura corrupta, una cultura de muerte.

Aplica
¿Qué elementos pecaminosos puedes identificar en tu cultura? ¿Es la corrupción en los negocios? ¿Es la inmoralidad sexual? ¿Cuáles de esos elementos se han incorporado en la vida de los cristianos? No te desanimes; Dios puede levantar un pueblo a pesar de la corrupción.

Ora
Danos, Señor, el discernimiento para distinguir las conductas que te agradan de las que te ofenden. Dame la humildad para reconocer esas conductas en mi propia vida.