Una luz en el camino

Salmos 43.1-5

Un salmo especial para aquéllos que están a punto de desfallecer.

En esta serie de salmos que hemos estado estudiando, el común denominador ha sido el dolor y el pesar que traen los momentos amargos de la vida. En éste, en particular, el salmista parece discutir con Dios (2). Cuando yo más te he necesitado, ¿dónde has estado tú? ¿Por qué me has abandonado a merced de mis enemigos? Son preguntas que también nos hacemos nosotros una y otra vez. Pero a pesar de todo continuamos con él. Queremos tenerlo siempre a nuestro lado. Para que nos defienda de nuestros enemigos, para que nos dé fortaleza, para que nos muestre su luz en medio de las tinieblas que los problemas traen a nuestra vida.

Pedimos y suplicamos que Dios nos lleve a su lugar de eterno reposo, a sus moradas secretas, para encontrar la paz y la alegría que sólo Jehová puede darnos (3-4). Después de todo, parece ser también la conclusión del salmista, ¿para qué nos abatimos? Esperemos el tiempo de Dios. Mientras tanto, alabémosle.

Este salmo tiene que enseñarnos por lo menos tres cosas:

1. Podemos confiar en la justicia de Dios sabiendo que él ayuda a los que tienen fe en Él (1, 2). 2. Cuando nos sentimos rodeados por enemigos y dificultades debemos mantenernos firmes esperando en Dios. 3. Solamente se puede llegar a Dios por medio de su luz y su verdad (3).

Aplica
Cuando tú hablas con Dios, ¿son las tristezas y las penas el tema principal de la conversación? ¿Le has compartido también tus alegrías? ¿Tus proyectos? ¿Qué compartes y qué no compartes con Dios? ¿Es el Señor, tu Dios únicamente para los momentos malos?

Ora
Jesús, quiero entregarte la totalidad de mi vida. En tiempos malos, y también en los buenos, quiero que tú seas mi Dios y mi Salvador.