Búsqueda de Dios

Salmos 42.1-11

En esta porción bíblica encontraremos algunas respuestas a nuestra razón de ser en este mundo. 

Este salmo es, como algunos lo han descrito, un espejo de piadosos y devotos afectos. Deseos ardientes, santas esperanzas, temores reverentes, gozos y pesares, se hallan aquí en contraste y hasta en conflicto, pero el sentimiento que sale vencedor es la confianza plena en Dios. Podemos decir igualmente que el conflicto es entre el sentido y la fe, poniendo el sentido la objeción, y la fe la respuesta.

El autor del salmo no cesa de buscar a Dios para que restablezca la tranquilidad de su alma.

Claramente nos revela las intimidades de su corazón. En primer lugar reconoce que está sediento de Dios (2). Seguramente que aquellos que le rodean se han burlado de su incesante búsqueda de ese Dios que pareciera no escucharlo (3). Para los demás, su falta ha sido proclamar y confiar en su santo nombre. El mismo reconoce que su misión fue llevar a las multitudes sedientas de Dios, como él mismo, al templo (4). Eso nos recuerda un poco la Gran Comisión que Jesús nos dejó a sus discípulos. Al final de cuentas, ¿no es nuestro trabajo llevar a Dios a nuestros familiares, vecinos, amigos y a todos aquellos que están sedientos de Él?

El salmista ha expresado en palabras las tristezas de su corazón. Pero, como era de suponer, termina por levantar su cabeza y reconocer que en todo momento y lugar, a pesar de nuestras circunstancias, debemos alabar al Señor.

Aplica
Si estás trabajando en el ministerio, ¿crees que Dios escucha tus súplicas? ¿Qué haces cuando no recibes pronta respuesta en el momento que tú más la necesitas?

Ora
Señor, ayúdame a permanecer contigo, aunque no encuentre una pronta respuesta tuya. Ayúdame a confiar en ti.