Vistos con Buenos Ojos

Éxodo 11:1-10

Brilla en el sitio donde estés.

¡Una espeluznante noche! La sentencia sobre los primogénitos no sólo destruía la heredad de las familias, sino que significaba el rechazo del fruto del primer vigor de todos ellos. Los primogénitos eran consagrados por los padres a su Dios (o dioses en el caso de los egipcios) y tenían una posición de privilegio al interior de las familias.

Dios estaba rechazando a los idólatras y rebeldes egipcios y aceptando la consagración de los primeros frutos de los israelitas. Esto no estaba haciéndolo por otra cosa que por la grandeza de su nombre y haciendo honor a su fidelidad.

Dios estaba terminando de demoler la teología egipcia que rendía culto a la muerte. Esta vez, la muerte la verían de una manera diferente: era consecuencia de la sentencia y el castigo del Dios Verdadero. Estaban más que seguros que había un Dios que tenía verdadero poder sobre la vida y que ese Dios miraba con buenos ojos a un pueblo determinado a consagrarse a Él como pueblo de su propiedad. Los egipcios habían dejado solo a su Faraón y habían empezado a ver con buenos ojos a los israelitas.

La presencia de Dios en medio de su pueblo genera (o debiera generar) una simpatía de otros hacia ellos. Tal era el espíritu de la iglesia primitiva, que veían con gozo cómo Dios estaba con quienes habían creído en Jesús.

Aplica
La presencia de Dios en tu vida se extiende como testimonio a quienes te rodean. ¿Eres visto con buenos ojos por tus vecinos y compañeros de trabajo? ¿Los demás celebran que tú estés con ellos? ¿Honras tu lugar en la familia?

Ora
Bendito y Santo Padre, gracias por el don enorme de tu presencia entre nosotros y por el preciado don de la familia. Bendícenos cada día Señor.