Señor, sé también mi Dios

Éxodo 3.1-6

Una relación personal e íntima con el Dios de Abraham, Isaac y Jacob.

¿El Dios de Abraham, Isaac y Jacob e incluso de su padre, pero… y de él? Dios no llega a ser nuestro Dios por imposición sino como producto de una relación personal. Moisés conocía los dioses de Egipto, que eran sólo piedra tallada por manos humanas. ¡Él nunca había visto un acto sobrenatural de ningún dios… hasta ahora! Él sabía que era un israelita y había escuchado del Dios de Israel, pero no lo conocía, no era su Dios.

A lo largo de toda la historia bíblica vemos a Dios ganando el corazón de las personas a través de una relación personal e íntima. No se nace con la fe, ni es algo que se hereda o que se reciba por pertenecer a algún grupo, raza, etc. Dios mencionó nombres propios, porque estaba invitando a Moisés a construir una relación como la que Él había tenido con Abraham, Isaac y Jacob, e incluso con su padre.

Ninguno de ellos dudó de las promesas de Dios y siempre esperaron confiados su cumplimiento, pues sabían que Dios es fiel. Hemos sido confrontados por Dios en nuestras creencias a través de su Palabra y nos hemos vuelto a Él para ser y tener parte en esas promesas. Nuestro corazón como el de Moisés, ha puesto su esperanza y albergado dioses falsos que no han respondido a nuestro clamor y que nos han sumido en la misma soledad en la que Dios llamó a Moisés. Pero Dios responde a nuestros ruegos como en aquellos tiempos. Él no quiere ser simplemente el Dios de la Iglesia; desde el principio Él ha querido tener una relación personal con cada uno de nosotros. Él quiere ser nuestro Dios.

Aplica
Dios te ha llamado a una relación personal e íntima con Él. ¿Disfrutas intensamente tu relación con Dios? ¿Has “camuflado” en la iglesia alguna vez tu relación con Dios? ¿Cómo describirías la relación que tu quisieras tener con Dios?

Ora
Señor y Dios mío. Qué privilegio tener una relación personal contigo mi Dios y Creador. Atiende a mi clamor Señor que yo atenderé a tu Palabra, porque confío en Ti.