Una ciudad imponente

Salmos 48.1-14

La gran ciudad de nuestro majestuoso Rey nos inspira a adorarle en gran manera.

Un rey majestuoso merece un lugar de adoración majestuoso. Ese lugar es su hermosa ciudad, preparada para alabarle en gran manera (1).

Jerusalén es alabada aquí: a. Por su relación con Dios (1,2). b. Por el cuidado que Dios tenía de ella (3). c. Por el terror que infundía a sus enemigos (4-7). d. Por el placer que proporciona a sus amigos, quienes se deleitan en pensar, en lo que Dios ha hecho, hace y hará por ella (8), en las benévolas manifestaciones que de sí mismo hace en, y a favor de, aquella ciudad santa ( 9, 10), en la provisión eficaz que se ha hecho para la seguridad de la ciudad (11-13), y en la seguridad que tenemos de la perpetuidad del pacto de Dios con los hijos de Sión (14).

La belleza y seguridad de tal ciudad producen el gozo de toda la tierra (2, 3). Lo admirable, es que si Cristo ya es su Señor, nos aferramos a la esperanza de que juntos estaremos con Él, para tributarle continua alabanza.

En esa ciudad alabaremos al Dios verdadero, aunque algunos sigan a otros dioses; la ciudad de Dios acogerá a todos los pueblos comprados con la sangre del Cordero.

La imponencia de la ciudad exhibe las victorias y fortaleza de su Rey, a quien no derriban ni los vientos que destruían los grandes barcos de Tarsis (6-8).

En esta gloriosa ciudad todos elevaremos su eterno loor, cantando con júbilo y alegría (9-11). Un solo recorrido basta para conocer la hermosura de "Jerusalén hermosa." Tan hermosa como el Señor la merece (12-14). ¡Aleluya!

Aplica
¿Estás preparado para encontrarte con Dios en la gran ciudad? ¿Cómo te preparas? ¿Qué situaciones te impiden alabar al Señor? ¿Qué cambios deben darse en tu vida?

Ora
Señor guárdame de la mediocridad y permite que te alabe con excelencia.