Supremo soberano

Salmos 47.1-10

Dios el supremo soberano, merece que todos los pueblos le obedezcan en total adoración.

Dios, luego de haber descendido con poder, para librar a su pueblo (Sal. 46) regresa a su trono. En esta posición todos debemos darle majestuosa adoración.

En este salmo se exhorta a los pueblos de toda la tierra a aclamar al Rey exaltado, porque él es temible y grande sobre todos (1-4). ¿Es acaso explicable que el rey nos ame tanto, hasta el punto de entregar su vida por nosotros? ¿Quién eres tú o yo para merecer tan alto galardón? Sólo nos queda adorarle y obedecerle en santidad.

Un elemento importantísimo que introduce el salmista, es la orientación para que nuestra alabanza, nuestro canto al soberano, sea con inteligencia y sabia comprensión (6,7).

Finalmente el salmista nos lleva a la consumación del reinado de Dios, en el cual todos los príncipes (gobernantes) de las naciones se congregarán ante el trono del excelso Rey, porque no habrá poder que no se sujete a él (8-10).

En resumen, el propósito de este salmo es estimularnos a alabar a Dios:

1. Se nos instruye sobre el modo de hacerlo, pública, alegre e inteligentemente (1, 6, 7).

2. Se nos provee de material para la alabanza: a. La majestad de Dios (2). b. Su dominio soberano y universal (2, 7-9). c. Las grandes cosas que ha hecho, y hará, por su pueblo (3-5).

Aplica
¿Tu vida le pertenece completamente al Rey?  ¿Cuáles son las evidencias de su señorío en tu vida? ¿Cómo puedes alabarle y adorarle según este salmo?

Ora
Señor, quiero servirte y adorarte sólo a ti, no me dejes caer en el error de engrandecer a los hombres.