Dios pelea nuestras batallas

Salmos 44.1-26

Recuerda que a pesar de los grandes conflictos de nuestra vida, Dios siempre está con nosotros.

Los errores y la maldad de nuestras acciones se repiten una y otra vez. Y las consecuencias y lecciones pasan de generación en generación. Pero nunca aprendemos de la experiencia de los demás. Nos olvidamos que Dios está al control, no sólo de nuestras vidas, sino de los pueblos y de las naciones (2-3).

Dios da y Dios quita. Tiene potestad y soberanía. La historia del pueblo de Israel es una clara muestra de ello. El salmista recuerda al lector las grandes batallas que Jehová libró para vencer a los enemigos del pueblo de Israel. No dejan de sorprendernos las inmensas victorias del pasado. Sin embargo, pareciera que en esta ocasión algo ha sucedido. Ahora la derrota es el pan de cada día. Los ejércitos enemigos avergüenzan al pueblo de Israel (9).

El salmista rápidamente hace un recuento de sus actos, en busca de una explicación: ¿será el pecado? ¿Se habían olvidado de Dios? ¿Habrán roto el pacto? ¿Acaso han adorado a otros dioses? (17-20). Parece no ser esa la razón en esta ocasión. Más bien, alcanzamos a vislumbrar el precio que el pueblo de Israel debe pagar por seguir a Jehová.

Seguir al Dios de Israel no es gratuito. Vendrán tribulaciones y dolores, y por causa de su nombre perderemos nuestras vidas. Ese será el tiempo preciso para implorar por su presencia, para que él defienda nuestra causa. Alabemos a Dios en todo momento.

Aplica
En tiempos de tribulación, ¿has pensado abandonar la causa de Cristo? ¿Crees que merece la pena morir por él? ¿Te has sentido sólo y abandonado por Dios? ¿Has orado en esos momentos más que de costumbre?

Ora
Señor, quiero servirte y sentir tu presencia en todo momento.