La enseñanza de los árboles

Lucas 6.43-49

Nadie gusta del farsante. Los demás descubrirán muy pronto que está actuando falsamente. Aun cuando actúa como cristiano.

Créase o no, los cristianos pueden caer en la trampa de la falsedad. Simular ser lo que no somos puede conducirnos a una terrible tensión personal. Comenzaremos a despreciarnos, nos volvemos cínicos o llenos de culpa.

No te veas a ti mismo como juez, dice Jesús, pero tampoco ignores completamente la diferencia entre el bien y el mal. Aunque él descarta la condenación de otros, Jesús dice que hay un lugar para el discernimiento, comenzando por un cuidadoso examen de nuestra conducta e ideales.

Un manzano puede no siempre producir cosechas abundantes—el frío o las pestes pueden impedir su desarrollo correcto—pero hay una cosa que está garantizada: nunca producirá una cosecha de naranjas. El tipo de fruto en las ramas está determinado por el tipo de vida que hay en el árbol (43-44). Por tanto, sólo podemos producir frutos de acuerdo con el evangelio, si es que la vida de Cristo opera en nosotros por su Espíritu (Jn. 15.4-5; Gá. 5.22-23). Necesitamos más que buenas intenciones. Necesitamos nueva vida, ser renacidos, no como hijos de padres humanos, sino como hijos de Dios (ver Jn. 1.12-13; 3.3-6).

Aplica
¿Dónde se origina una vida consistente con el modelo de Cristo? ¿Qué necesita hacer Dios para que llegues a ser "un árbol más sano" (45)? ¿Qué clase de fruto está produciendo tu vida?

Ora
Señor, ayúdame a ser un árbol al que todos puedan acudir y encontrar fruto para tu gloria.