Mi corazón canta al Dios vivo

Nehemías 12.1-26

Alabando al unísono.

Hubo regocijo, grande contentamiento y alborozo en Jerusalén el día que dedicaron los muros (43). Los músicos se prepararon, los sacerdotes se purificaron y purificaron al pueblo, los muros y las puertas. Dios se deleita y habita en medio de las alabanzas de su pueblo, quiere que estemos perfectamente unidos y afinados en espíritu.

El pueblo quedó dividido en dos grupos: uno dirigido por Nehemías y el otro por Esdras. Del norte de la ciudad, donde se congregaron, un grupo marchó al poniente, bajó al sur y se reunió con el segundo grupo en un punto no determinado del lado oriente.

Los dos grupos iban cantando, probablemente en forma antifonal. No sabemos qué es lo que cantaron, pero los salmos 145-147 expresan el sentir de esta ocasión. Una vez juntos, los dos coros y todo el pueblo marcharon a la casa de Dios. Allí hubo siete sacerdotes con trompetas y ocho directores de canto. Dios produce canto en su pueblo por medio del Espíritu Santo (Ef. 5:18-20). Además de expresar su alegría se recogieron diezmos y ofrendas para suplir las necesidades materiales de sacerdotes, levitas y cantores.

Para Dios la alabanza es importante, pues él le da la victoria a su pueblo. Hay liberación, se manifiesta la sanidad, renueva nuestras fuerzas, y rompe las cadenas de la esclavitud. Por eso hay oposición y estorbo, cuando el pueblo decide abrir sus labios en alabanza; en medio de las pruebas cantar trae gloria al nombre de Jehová.

Aplica
¿Cómo expresas gratitud a Dios por todo lo que Él ha hecho en tu vida? ¿Alabas con regocijo Su nombre? ¿Cómo definirías la alabanza?

Ora
Oh Jehová, permíteme ofrecer cada día un sacrificio de alabanza fruto de labios que invocan tu nombre.