La sanidad de un leproso

Lucas 5.12-26

 

Jesús extiende su gracia a dos hombres que se humillaron ante él.

En este pasaje tenemos el cuadro de dos hombres que sufrían de una enfermedad incurable. Nadie podía ayudarles. Sencillamente vivían alejados, de la sociedad. Y los paralíticos dependían constantemente de la misericordia de otros.

Jesús pasaba por una ciudad de donde le salió al encuentro un hombre leproso, se postró ante Él y le rogó. No hay mejor postura ni actitud que ésta para hacer súplicas a Jesús que humillarse y someterse ante Aquel que es capaz de hacer lo que es imposible para los hombres.

En otra circunstancia, el lugar estaba lleno de gente y algunos enfermos no podían entrar. También había venido un grupo de críticos de Jesús para echarle. Algunos amigos del paralítico lo introdujeron por el techo de la casa.

Es necesario que nos acerquemos a Jesús, reconociendo su poder. Es necesario venir a él en actitud de postración (emo­cional, verbal o física) y expresarle nuestro ruego de manera concreta, como estos enfermos que vinieron a él.

Lo primero que Jesús hizo fue sanar el alma. En segundo lugar sanó el azote físico. Ante la opinión destructora de sus críticos, Jesús no se detuvo; siguió cumpliendo su misión.

Aplica
¿Te has humillado ante el Señor? ¿Has recibido perdón de Jesús en tu vida? ¿Cómo te ha traído sanidad al alma y ayuda al espíritu? ¿Con cuánto empeño has buscado a Jesús a pesar de los impedimentos que pueda haber?

Ora
Señor gracias porque Tú eres el que sana todas mis dolencias físicas y espirituales.