La alegría de una anciana

Lucas 2.36-40

 

Al encontrar a Jesús, el entusiasmo debe ser compartido con otros.

Cuando Jesús fue presentado en el templo, también se encontraba allí una anciana llamada Ana. La Biblia subraya que era de edad muy avanzada, posiblemente era de más de 100 años. Podemos imaginar que lo tomó en sus brazos, lo besó y susurró como lo hubiera hecho cualquier abuela.

Pero su afecto fue más allá del instinto materno, ya que había dedicado su vida a la adoración, la oración y el ayuno. Esta devoción la marcó como una de aquellos que rogaban y esperaban al Mesías prometido.

Dios le premió dejándole ver a Jesucristo con sus propios ojos. Se llenó su corazón de una gratitud tal que tuvo que contárselo a otros. Cualquiera sea nuestra edad, al ver a Cristo y profundizar la amistad con él debe tener el mismo efecto: expresar un gozo contagioso y contar a otros lo que Cristo significa para nosotros.

Aplica
¿Qué clase de creyente quieres ser cuando seas anciano? ¿Qué puedes hacer ahora para que tu amistad con Cristo sea cada vez más dulce? ¿Buscas oportunidades para testificar a otros de Él?

Ora
Señor, con cuerdas de amor atrae mi corazón cada vez más a ti, tanto que hable con otros acerca de ti.