Cuando Dios cumple

Lucas 2.21-35

 

¡Qué gratificante y, a la vez, qué sorprendente es recibir lo que esperábamos de Dios!

Cumpliendo por lo estipulado por la ley, la pareja tiene que ir a Jerusalén para hacer los sacrificios ordenados por ésta. Normalmente se sacrificaba un cordero y una tórtola. Pero si la familia era pobre se podía sacrificar dos tórtolas, que es lo que hacen José y María.

A pesar de la degeneración de la vida espiritual en Israel existían algunos justos y piadosos. Uno de ellos es Simeón. Parece que él tiene una relación especial con Dios porque se nos dice que el Espíritu Santo estaba sobre él. Nos dice Lucas que Simeón estaba esperando que Dios cumpliera su promesa de que él no iba a morir antes de ver al Salvador, el Ungido del Señor, el Cristo. Está atento al Espíritu Santo y por eso sabe cuándo ir al templo.

La pareja que Simeón tiene cerca seguramente se ve muy pobre. No obstante, el reconoce que el bebito pobre es el prometido Salvador, y no solamente de los judíos sino de los gentiles también.

Por primera vez tenemos alguna idea de las luchas, dificultades y grandes tristezas que Jesús tendrá que enfrentar. Por causa de Él se dividirá la gente: los soberbios que piensan que son capaces de salvarse a sí mismos por su religión, caerán; pero los humildes que confían en Jesús serán levantados. Como toda madre, María experimentará algo de las alegrías y tristezas de su hijo. Pero para María su tristeza será como una espada que traspase su alma. Se refiere seguramente a la crucifixión, cuando María ve a su propio hijo agonizando en una cruz.

Dios cumple sus promesas, pero a veces, no es lo que nos agradaría recibir. Sin embargo, por fe sabemos que su plan es perfecto.

Aplica
¿Por qué cosas estás esperando una respuesta de parte de Dios? ¿Cómo reaccionarás si la respuesta no fuera la que esperas? ¿De qué manera puede esa clase de experiencia aumentar tu confianza en Dios?

Ora
Gracias, Padre, porque yo también he visto tu salvación a través de tu palabra y tus obras. ¡Que pueda yo estar tan atento a tu Espíritu Santo como Simeón lo estuvo!