Confiaste en tu belleza

Ezequiel 16.1-22

Israel tiene un corazón malagradecido y materialista.

Muchas veces el sentirnos seguros de nuestros logros intelectuales y materiales nos olvidamos de la providencia de Dios en nuestras vidas. En el relato la nación de Israel es comparada con una niña abandonada a la cual Dios recoge, “pase junto a ti revolcándote en sangre” (6). El Señor lleva a esta niña abandonada a un estado de belleza incomparable, “te vestí de bordados, te calce de finas sandalias” (10). El Señor la adornó con joyas, aretes y una hermosa corona (12), y como si esto no fuera suficiente, extendió por toda la tierra su belleza y distinciónde tal manera que Israel es comparada a una mujer de belleza sin igual, admirada por sus vecinos.

Lamentablemente la mujer engaña a su esposo y se prostituye. El Señor le señala su error: “confiaste en tu belleza”. Nuestros días nos sitúan en una sociedad competitiva que cada vez más exige mostrar más logros y demostrar más habilidades. La confianza en nuestros logros, bienes materiales,  matrimonio, hijos, trabajos, son indicadores claros de la “belleza y joyas” con que adornamos nuestra vida como si todo esto lo hubiéramos podido alcanzar con nuestras propias fuerzas  no tomando en cuenta que todo lo que poseemos y llegaremos a ser provienen de parte del Señor. De esta forma seguimos el mismo camino de este pueblo ciego y sordo que se niega a reconocer a su Dios y Señor confiados en su belleza.  ¿Seremos capaces de reconocer esta gran verdad y no confiar en nuestra “belleza”?

Aplica
¿En qué consiste tu “belleza”? ¿Con qué te has adornado? ¿En qué o quién descansa tu seguridad? ¿Por qué tendrías que confiar en Dios y su obra redentora y no en los recursos del mundo?

Ora
Quiero confiar en ti Señor y no en mis fuerzas.