Cuando no somos lo que Dios quiere

Ezequiel 15.1-8

 

Ser o no ser.

El deseo de ser algo es loable, pero hay un peligro: querer ser algo para lo cual no hemos sido formados.

La lección de hoy es de una vid que anhela que su madera sea tallada para ser una obra de arte, para formar una viga que sostenga una construcción o al menos una estaca para colgar de ella una prenda. La madera de la vid para nada de esto sirve. Dios formó la vid para llevar fruto: sus racimos de uvas, ¡cuán hermosos son!, ¡cuán dulce su sabor! Pero para ninguna otra cosa sirve. No puede ni sostener ella misma su fruto. El dueño ha de proveer una estructura en la cual se enrede.

Así fue con Israel. Dios lo escogió como su pueblo para que diera fruto: honra y gloria, y para que anunciara su grandeza y misericordia al mundo entero. Le había mandado profetas para que la fortalecieran con su palabra para que pudiera sostenerse en pie, pero fueron rechazados. Su fin, pues, sería el fuego. ¡Para ninguna otra cosa era útil!

Aplica
¿Estás haciendo aquello para lo cual Dios nos formó? ¿De qué manera estás usando los recursos que has recibido desde lo alto?

Ora
Señor, permíteme fruto para tu gloria.