Jesucristo es el único y verdadero Dios

Apocalipsis 2.18-29

Somos llamados a alejarnos de los ídolos y a reconocer a Jesucristo como único y verdadero Dios.

Tiatira era una ciudad de gran prosperidad comercial durante el Imperio Romano. La cultura era sincretista porque mezclaba la idolatría con los negocios. Por ejemplo, los convenios comerciales se sellaban con rituales religiosos paganos, invocando la supuesta divinidad del emperador para así asegurar el éxito del negocio. Esta práctica se arraigó tanto que pasó a ser el requisito para funcionar en ese sistema económico. Podríamos imaginar que esta alianza de los negocios con el culto al emperador representaba un problema serio para los cristianos. Sin embargo, este pasaje muestra que a muchos creyentes de Tiatira esta situación no les parecía muy problemática. En este escenario era necesario que alguien pusiera las cosas en su lugar. Entonces aparece Jesús.

1.  Jesús aparece para declarar quién es el verdadero Dios (18). Se presenta a Juan como “el Hijo de Dios, el que tiene ojos que resplandecen como llamas de fuego y pies que parecen bronce al rojo vivo”. El emperador romano era considerado la encarnación de los dioses; pero en la visión de Juan se desbaratan esas presuposiciones paganas. El único Dios es Jesucristo.

2. Jesús aparece para combatir el engaño teológico (20-22). Una profetiza en la iglesia de Tiatira enseñaba que ofrecer sacrificios a los ídolos y adorar al emperador no era tan terrible. Decía que no se debe ser tan fanático; después de todo, cumplir un rito cultural puede facilitar los negocios, sin comprometer la realidad espiritual del creyente. Pero la verdad es que cuando los cristianos asocian sus negocios con prácticas paganas, contaminan su vida y su testimonio.

Aplica
Si revisara mi conducta en las finanzas, ¿hallaría prácticas paganas (soborno, usura, abuso de otros, afán por las posesiones, etc.) que representan adoración al dios de la prosperidad material y ofensa al verdadero Dios? ¿Cuál es el llamado que hoy me hace Dios?

Ora
Amado Padre, ayúdame a vivir una vida de pureza, sin postrarme ante dioses falsos.