Misericordia

2 Samuel 9.1-13

 

¡Cuánto se interesa David por los descendientes de Saúl a la muerte de éste y de su hijo Jonatán!

Esta historia debe ser leída en relación con el capítulo 21.7, cuando David le perdona la vida a Mefi-boset, pero entrega a siete de los hijos (o parientes) de Saúl, para que los gabaonitas se venguen de su antiguo adversario. En el capítulo 16.7, 8, Simei acusa a David de ser un asesino, vengándose de la familia de Saúl. Pero en nuestra historia de hoy, vemos de nuevo la generosidad del rey cumpliendo la promesa hecha a su amigo y mostrando una amplitud hacia Mefi-boset que va mucho más allá de lo meramente necesario. Al mismo tiempo, al tenerlo en su propio palacio, lo podía vigilar y controlar. Tratándose de las intrigas de la corte, el rey no era tonto.

David menciona tres veces la palabra misericordia, es decir, compasión. Con esta expresión, se refiere a la nobleza de corazón no solamente hacia su amigo Jonatán, con quien tuvo una profunda amistad, sino también hacia el rey Saúl. Este último no siempre había sido grato a David, ya que en más de una oportunidad buscó quitarle la vida.

¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán?

La misericordia es un sentimiento que brota del corazón de manera espontánea; pero es necesaria una condición: haber sido transformado por el poder y la gracia de Dios. David era un hombre transformado por Dios, por ello tenía un corazón generoso.

¿Qué enseñanzas podemos sacar de la generosidad de David? Una de ellas es que Dios también actúa en nosotros con infinita misericordia. Él envió a su Hijo para dar su vida en rescate por nosotros sin exigirnos nada a cambio; lo hizo por amor y por pura gracia.

Aplica
¿Cómo aplicas tu compromiso de amistad? ¿Hasta qué punto te arriesgas y comprometes por pura compasión? ¿Cómo practicas compasión por quienes tienen gran necesidad?

Ora
Señor, te ruego que pongas en mí un espíritu de compasión, para que pueda ayudar a quienes lo necesitan.