Un proyecto aceptado

2 Samuel 7.18-29

 

La bendición de Dios sobrepasa largamente nuestros limitados proyectos personales.

Ayer vimos que Dios respondió a David con promesas que trascendían a través del tiempo.   La reacción de David fue inmediata: “entró para hablar delante del Señor”. Es una frase que sólo se encuentra esta vez en la Biblia e indica una relación muy íntima, como la de padre e hijo. Maravillado por las promesas que Dios le había hecho, David las aceptó con gratitud y con una franqueza impactante. Observa el lenguaje de esta oración: es la de un hombre que conversa diariamente con su Dios. “¡Y tan poca cosa te ha parecido esto, Señor...!” “¿Qué más te puedo decir, Señor?”

¿Qué era lo que David quería expresar a Dios en su oración? Reconoció que Él había obrado maravillosamente a su favor (18, 19). Admitió que todo se debía a la iniciativa de Dios y a sus propósitos soberanos: “según lo prometiste y lo quisiste” (21). Confesó la gracia de Dios al escoger al pueblo de Israel, al rescatarlo y al preservarlo (23, 24). Y finalmente, David elevó una súplica, rogando a Dios que cumpliese y confirmase aquellas cosas que le había prometido (25-29).

Dios iba a responder a las peticiones de David de una manera mucho más amplia de la que él pudiera concebir. Y así es siempre con nuestras peticiones: Dios las reinterpreta, las amplía, las transforma. Las cumple según su perspectiva de la eternidad para que así conozcamos una bendición que va mucho más allá de nuestros limitados planes.

Aplica
¿Qué es lo que pide David en su oración a Dios (25, 28, 29)? ¿Qué es lo que sueles pedirle a Dios en oración? ¿Cuál es la base de tu confianza cuando le pides cosas a Dios?

Ora
Padre, ayúdame a acercarme a ti con la confianza y la intimidad de David. Gracias porque tú interpretas mis torpes palabras, y conoces mis deseos más profundos.