Un auténtico rey

2 Samuel 3.2-21

La enemistad de Saúl hacia David provocó el distanciamiento del pueblo. Dios obró para unificarlo.

La historia de Israel es una larga lista de personas que vivieron ignorando la autoridad de Dios, haciendo las cosas como mejor les parecía. Desde Moisés al pie del monte donde decidieron adorar a un becerro de oro (Ex. 32.1-6) hasta el pasaje de hoy, el liderazgo había sido manejado por el pueblo a su antojo.

El primer gobierno monárquico, en manos del rey Saúl, tampoco había significado una grata experiencia para el pueblo. Una y otra vez el pueblo pidió líderes (1 S. 8.4, 5) que tomaron las riendas y se olvidaron de la supremacía de Dios, aquel que los libró de la mano de faraón.

Hoy vemos que Saúl, ya muerto, había dejado las huellas de su rencor hacia David y a las partes en guerra, procurando cada una a su modo, prevalecer en la batalla.

Notemos la sabiduría de David ante la actitud de Abner, egoísta y oportunista. Abner entra en conflicto con Isboset por haber tomado una concubina de su padre. Abner pretende sacar provecho al querer hacer un pacto con David y entregar el mando del pueblo que estaba con Saúl (12). La realidad fue que esto beneficiaba al nuevo rey al unificar al pueblo fortaleciendo su autoridad y exigiendo lo que le pertenecía (1 S. 18.20, 25-27).

Aplica
¿Crees que la forma de actuar de Abner fue correcta? ¿Demostró madurez? ¿Crees que David hizo lo correcto? ¿Hizo lo justo o se aprovechó de la situación? Hoy mismo, antes de actuar piensa si Dios aprueba aquello que tú deseas.

Ora
Señor, guíame por tus caminos y ayúdame para que mis decisiones sean conforme a tu voluntad.