Las mentiras acarrean consecuencias

2 Samuel 1.1-16

David reconocía la autoridad que Dios había puesto sobre el rey Saúl.

Es difícil no sentir cierta simpatía por el amalecita, que según su versión de la historia, le había hecho un gran favor a Saúl al ayudarlo a morir. Pero parece que en realidad no estaba diciendo la verdad, pues 1 Samuel 31.3-6 nos presenta una versión diferente del asunto.   Es posible que David intuyera su falta de sinceridad, y quiso confirmar a su propia gente que Saúl era el elegido del Señor, santo ante Él, y que sólo Dios tenía autoridad para acabar con su vida. No podemos dudar de la sinceridad de David, quien dos veces había perdonado la vida a Saúl. El mismo ayudante del rey estaba convencido de esto, y se negó a matar al rey (1 S. 31.4).

Es muy probable que el amalecita haya ido a propósito al lugar de la batalla, en busca de botín, de armas y armadura que le podrían servir. Ha debido ir durante la noche, antes de que volviesen los filisteos (1 S. 31.8). Encontró la corona y el brazalete, y si no se hubiera encontrado con David, que acampaba en las ruinas de Siclag, sin duda los hubiera llevado para sacar ganancia.   Pero encontrándose ante David, cambió su versión de la historia, y dijo que estaba trayendo las joyas con el propósito de dárselas.

Como muchos mentirosos, el joven amalecita creía que otros pensaban de la misma manera que él. Seguramente creía que David le daría una recompensa y que se alegraría por la muerte de su rival. La reacción de éste y sus acompañantes debió conmocionarlo (11,12).   David se mantenía leal a Saúl, aun después de la muerte de éste.

Aplica
¿Qué diferencias encuentras entre la versión del amalecita, sobre la muerte de Saúl, y la que leímos en 1 Samuel 31? Evalúa francamente tu actitud hacia las mentiras. ¿Crees que hay mentiras que se justifican? ¿Qué puedes hacer si tiendes a mentir en momentos de apuro?

Ora
Señor, protégeme de la tentación de mentir en momentos de apuro.   Que mi sí sea siempre sí, y mi no, no.