¡Señor defiéndeme!

 

Salmos 35.1-28

Si los malignos se levantan contra nosotros podemos acudir al Señor pidiendo protección.

 

Dios nos ordenó que en cuanto dependa de nosotros estemos en paz con todos; pero también nos alertó: "en el mundo tendréis aflicción" y "seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre" (Ro. 12.18; Jn. 16.33; Mt. 10.22). Cuando esas circunstancias se presenten, asume las actitudes correctas.

Ora al Señor y descarga en él tus emociones. El Salmista no le esconde a Dios lo que siente y cómo le gustaría que se hiciera con los que lo maltratan. Pide que Dios se levante como un guerrero contra sus enemigos (2, 3), que los ángeles de Dios lo defiendan (5b, 6b). Sabe que en el mundo hay quienes devuelven mal por bien (12).

Alégrate en la salvación de Dios viviendo en servicio y alabanza a él. A pesar de tener enemigos, David afirma que se alegrará en la salvación que viene de Dios (9), y que dará alabanza al Omnipotente (10). Se compromete a dar testimonió de la grandeza y ayuda del Soberano (18,28).

¿Te das cuenta que a Dios no lo toman por sorpresa los sentimientos de venganza que hay en el corazón humano, sino por el contrario, permite que se los declaremos?


Aplica
¿Estarás dispuesto a esperar que Dios juzgue a quienes te tratan mal? ¿Qué tan dispuesto estás para alabar a Dios en medio de las calumnias, burlas y detracciones?


Ora
Señor, no escondo delante de ti lo que siento para con los que me dañan, pero anhelo confiar en ti y darte alabanza en medio de ello.