¡Preciosa tu misericordia!

Salmos 36.1-12

 

¡Cuán preciosa, oh Dios, es tu misericordia! Por eso los hijos de los hombres se amparan bajo tus alas.

 

Probablemente en más de una ocasión te habrás preguntado: ¿Cómo es posible que el hombre, frente a tanta evidencia del poder y fidelidad de Dios, sea capaz de negar la existencia del Omnipotente e ir tras el pecado aun cuando éste le produzca sinsabores en su vida?

Este salmo contiene un ejemplo vívido de la humanidad en la época de David; no muy diferente a la de nuestros días:

Hombres que no tienen temor de Dios. Se lisonjean a sí mismos (2a), suponiendo que nunca se sabrá ni se juzgará su maldad (2b); por hacer maldad pierden la cordura y esto los lleva por el mal camino que les causará serios problemas (1,3b, 12).

Hombres que reconocen, aman y disfrutan la misericordia y fidelidad del Señor. Estos reconocen que Dios es extraordinariamente fiel (5-7a), que la vida y la subsistencia manan de Él (8-9), que el Soberano prolonga su misericordia a los que lo conocen y mantienen un corazón recto (10), y que puede guardar de la soberbia a los que deciden obedecerle a Él (11).

Aplica

Ante la misericordia de Dios, ¿te amparas en ella para disfrutarla en obediencia o sólo la recibes porque se nos proporciona? ¿Estás reconociendo y gozando de la misericordia de Dios? ¿Te has mantenido con un corazón recto y libre de imitar a los impíos que no tienen temor de Dios?

Ora

Oh Dios, deseo reconocer, disfrutar y corresponder adecuadamente a tu misericordia. Ayúdame Señor a mirar con tus ojos, de tal manera que haga el bien a pesar de la maldad de otros. Quiero deleitarme en tu guía.