Escuchar y obedecer a Dios

Jeremías 34.1-22

 

Dios quiere un pueblo obediente.


Este capítulo muestra algunos hechos que ocurrieron durante el asedio que sufrió la ciudad de Jerusalén por parte de las fuerzas de Nabucodonosor, rey de Babilonia. Por un lado, el profeta Jeremías anunció al rey Sedecías la inminente destrucción de Jerusalén y luego les comunicó la denuncia de Dios contra la esclavitud.

Desde el comienzo de la invasión de Nabucodonosor, el profeta Jeremías intentó en varias oportunidades de hablar con el rey Sedecías y hacerle entender que lo más conveniente para él, su familia y su pueblo era rendirse. De ésta manera las consecuencias serían más benignas dada una destrucción total. Muchas veces los reyes no tomaron en serio las palabras del profeta, aún sabiendo que eran palabras de Dios y sus consecuencias fueron terribles (1-7).

El segundo tema que expone el profeta a su pueblo tiene que ver con la esclavitud (9). Había una ley (Dt. 15.12-18) para evitar la esclavitud perpetua. Luego de seis años de servicio, al séptimo año debían ser liberados, a excepción de los que desearan quedarse voluntariamente. El pueblo hizo uso y desuso a su conveniencia de las leyes de Dios. Esto no agradó a Jeremías como representante de Dios; anunciando la protesta y el castigo de Dios.

No oír la voz de Dios, o escucharla y no obedecerla ha sido una característica del pueblo de Israel, lo mismo que tergiversar las leyes divinas para que sirvan a sus beneficios personales en desmedro de sus hermanos.

Aplica
¿En qué circunstancias te fue difícil obedecer la palabra de Dios? ¿Cuáles son las consecuencias de desobedecer? Identifica en que situaciones estás buscando tu beneficio personal en perjuicio de otros.

Ora
Señor, ayúdame a obedecerte y serte fiel cada día.