Alma y corazón

Deuteronomio 4.1-14

Descubre todas las cosas que debemos hacer con la Escritura.

 

Como respuesta a la providencia divina, Moisés insta al pueblo a permitir que la Palabra ocupe un lugar especial en sus vidas. Si lees y observas con atención todo lo que Dios espera que hagamos con su Palabra (1, 2, 5, 6, 9, 14) descubrirás que estas acciones son en sí mismas una forma de responder a Dios y a su Palabra.  Ser indiferente a lo que Dios dice es descrito como rebeldía.

Es especialmente peculiar el llamado del verso 9. A este, le antecede el testimonio nacional de ostentar el compendio de leyes más completo y justo conocido en aquel momento de la historia. Pero sobre todo le antecede el testimonio de Dios mismo, el Dios personal que siempre está cerca de los suyos.  Ambos testimonios disponen nuestro corazón para no olvidar lo que Dios ha dicho, para no apartarnos de sus enseñanzas y para enseñar la Palabra a las nuevas generaciones.

Podemos conocer muchas cosas de la Biblia en forma mecánica y superficial; para ello sólo basta con hacer uso de la memoria; también podemos establecer nuestras normas y códigos basados en la Escritura, para ello echamos mano de nuestro marco teológico y nuestra cosmovisión. Pero para vivir la Biblia y disponernos a ser obedientes toda la vida, necesitamos nuestro corazón y nuestra alma. Sólo guardando la Escritura en nuestro corazón, es que vamos a entender y valorar lo singular y maravilloso que es recibir la Palabra y vivir de acuerdo a sus principios.


Aplica
¿Cuál es el valor que le das a la Escritura en tu vida cotidiana? ¿Hasta dónde llega tu compromiso con ella? ¿Dónde se encuentra, en tu recámara o en tu corazón? ¿Involucras tu alma y corazón para vivirla diariamente?

Ora
Señor, quiero ser fiel a ti, siendo fiel a tu Palabra. Traigo a ti mi corazón y mi alma; háblame oh Dios.