Que conozcan que el Señor es Dios

1 Reyes 8.54-61

Reunirnos con otros para orar y pensar sobre la Biblia nos ayuda a comprenderla mejor.


Si comparamos el verso 54 con el 22, podremos captar en alguna medida lo que pasaba en la mente y coraz6n de Salomón mientras oraba. Comenzó su oración de pie, las manos extendidas hacia el cielo; la terminó arrodillado, consciente cada vez más de la gloria del Señor. ¿Pasa lo mismo con nosotros?


Si al terminar de orar nos sentimos igual que al comienzo, será que algo anda mal, ¿no es verdad? Evaluemos nuestro tiempo con el Señor: no esperemos tener un verdadero encuentro con É1 si solo le concedemos cinco minutos, o si nuestras oraciones se han vuelto una “lista de compras”. Dediquémosle el tiempo que ofreceríamos a un ser muy querido, a quien anhelamos conocer mejor, con quien queremos compartir todo.

Dos temas son predominantes en la bendici6n que Salomón pronuncia sobre el pueblo:

1. Dios y su pueblo (57, 58). Salomón deja de hablar de la hambruna y la enfermedad, y se concentra en lo principal: Dios en relación con nosotros, y la necesidad de tener nuestro coraz6n inclinado hacia É1. La calidad de esta relación influye en todas las situaciones que tenemos que enfrentar. Jesús nos invita a hacer lo mismo (Lee Juan 15.7).

2. Dios y los demás pueblos (60). De nuevo la oración de Salomón va más allá de las necesidades particulares de Israel. Está preocupado por todo el mundo. Israel tiene importancia solo porque a través de este pueblo el resto conocerá la verdad de Dios. Nuestras oraciones también tienen que ir más allá de nuestros propios intereses.

Aplica
¿Cuál fue el motivo fundamental de las peticiones que Salomón hizo a Dios (60)? ¿Hasta qué punto crees que eres sincero con el Señor tu Dios (61)? ¿Cómo definirías esta sinceridad? ¿Oras después de leer el periódico, o después de escuchar el reporte de noticias en la radio, o después de conversar con tu vecino?

Ora
Padre, ayúdame a cumplir la misión de alcanzar a millones de personas con el mensaje de Jesucristo.