Una situación transformada

Salmos 30.1-12

El que se cree estar firme, mire que no caiga.

 

Alegrándose en Dios (1-3). Dios no había permitido que los enemigos de David triunfaran sobre él. El diablo es un enemigo poderoso, pero nuestro Dios es un Dios victorioso. Dios también sana nuestras heridas (2) y rescata a sus siervos de la depresión y la desesperación (3).

Por estos, y muchos otros motivos, debemos sentirnos impulsados a invitar a otros a que se junten con nosotros para alabar a Dios. Dios sí nos disciplina, pero no por mucho tiempo (5). “Por la mañana tendremos alegría” y la alegría debe ser característica del cristiano, por la esperanza que tenemos en el Señor.

Una falsa seguridad (6, 7). El verso 6 es una fuerte advertencia para aquellos que se apoyan en el bienestar material. Con cuánta facilidad llegamos a confiar en nuestra prosperidad. Nos olvidamos de que todo proviene del Señor (7). Como consecuencia, perdemos contacto con Dios, como David, y se nos va la confianza y la tranquilidad. No nos olvidemos de que Dios ha prometido sacudir este mundo, y esto incluye nuestra sociedad, para que nos demos cuenta de que sólo en relación con Él hay verdadera seguridad.

Un grito de desesperación (8-10). David enfrentaba la desgracia y la muerte. En su desesperación se expresó con total franqueza. Él reclamó la protección de Dios, basándose en la reputación del mismo Señor (9). Dios le contestó y pudo experimentar la alegría de la restauración.

 

Aplica
¿Qué aprendes de la persona de Dios y de la personalidad del salmista a través de este salmo? “Has cambiado mi lamento en danza” (11). ¿Podrías así calificar tus experiencias pasadas?


Ora
Padre, te pido que pueda encontrar mi seguridad en Ti y que pueda conocer la alegría de una comunión ininterrumpida contigo.