Que las circunstancias jamás cambien nuestro corazón

 

1 Reyes 5.1-18

Amemos a Dios a pesar de todo, en especial cuando nos va demasiado bien.


Ludwig Feuerbach decía: Dios es la expresión metafísica de nuestros deseos; es decir; Dios no existe, sólo existen deseos frustrados; sí las personas alcanzaran sus deseos Dios no sería necesario. Feuerbach jamás atacó al Dios de la Biblia sino a los cristianos de su época; personas que sólo buscaban a Dios por necesidad más no por amor. Feuerbach dejó sus estudios para ser pastor y se dedicó a la filosofía y su pensamiento contribuyó a fortalecer las ideas de Karl Marx. Cuántas personas valiosas han abandonado la fe y con ello el gran aporte que hubieran podido entregar de no haber conocido personas que sólo buscan a Dios para satisfacer sus necesidades pero no por amor.

Salomón había sido engrandecido, era el rey más poderoso e influyente de su época, poseía una fama que hacía que muchos vinieran de tierras lejanas a escucharle y conocerle; su riqueza excedía la imaginación de las personas. Fue un hombre tremendamente bendecido y que a pesar de tenerlo todo, no olvidó su compromiso espiritual, no dejo de lado su responsabilidad para con Dios.

Cuanto anhelamos tener un buen trabajo, una familia, hijos, o resolver todas nuestras cargas económicas o problemas de salud, pero una vez resueltos le damos la espalda a Dios olvidando todas las promesas y compromisos que asumimos delante de Él. Que Dios no sea la expresión metafísica de nuestros deseos sino el todo de nuestras vidas, nuestra razón de ser, nuestro único y gran amor; que teniendo o no teniendo algo nuestra relación con Él sea la misma.


Aplica
¿Qué cosas deseas de todo corazón que Dios te dé o haga en tu vida? ¿Qué compromiso espiritual tienes con Dios en tu vida o en tu iglesia? ¿Seguirías siendo la misma persona si Dios te diera todo lo que le pides?


Ora
Señor, estando a tu lado todo pierde sentido para mí. Eres lo que más anhelo en esta tierra.