Gracia y fuego

Hebreos 12.18-29

Sabiendo quién es el Señor, sirvámoslo con temor reverente.

Muchas veces los cristianos parecen creer en un Dios que ha sido domesticado, hecho a la medida del ser humano para satisfacer sus necesidades o caprichos. Es por ello que es imperioso que recuperemos una imagen más fiel del Dios majestuoso y soberano al que servimos.

Un Dios imponente pero cercano. En el monte Sinaí, el Señor se manifestó a Israel de manera impresionante. Fuego, tinieblas y tempestad, además de una voz sublime eran la carta de presentación de un Dios aplastantemente superior que incluso provocaba terror en su siervo más cercano, Moisés. Sin embargo, esa exhibición de poder no contradice el hecho de que el Señor se había acercado a su pueblo. De hecho, este evento se dio para entregar la Ley; uno de los beneficios más importantes que recibiría Israel. En otras palabras, para acercarse a su pueblo, el Dios de fuego tuvo que establecer rigurosas reglas para que nadie se acercara más de lo debido, a riesgo de sufrir terribles consecuencias. Nuestro Dios es así de majestuoso y poderoso. Incluso, esa realidad exalta aún más la gracia que mostró a su pueblo.

Un Dios de gracia pero temible. El pasaje señala que ahora tenemos la oportunidad de acercarnos a un Dios que nos recibe con amor. Sin embargo, hay una advertencia. Si los creyentes nominales desechan al Señor, no habrá escapatoria posible, ya que este Dios sigue siendo Juez; sigue advirtiendo desde los cielos; sigue teniendo el poder para remover la tierra y los cielos… sigue siendo “fuego consumidor”. Él es gracia, pero también fuego; es Salvador, pero también Juez. ¡Qué privilegio servirlo y amarlo!

Aplica
¿Estás consciente de que sirves a un Dios majestuoso? ¿Cómo evidencias ese conocimiento en tu relación con Él? ¿Las palabras “temor reverente” reflejan tu actitud ante el Dios al que sirves?

Ora
Señor, confieso que eres infinitamente superior. Gracias porque, además, me das el privilegio de adorarte, amarte y servirte. Ayúdame a mostrar siempre reverencia ante tu majestuoso Nombre.