La fortaleza de la espera

Hebreos 11.8-22

Nuestra esperanza debe estar cimentada en las promesas de Dios

¿Has notado que a nadie le gusta esperar? Es que todos quisiéramos eliminar lo más pronto posible aquello que es desconocido. Sin embargo, la fe implica esperar. El aprender a confiar en el Señor produce una inesperada fortaleza que nos guía a actuar de una manera segura. ¿Cómo se produce ese proceso? El pasaje de hoy nos da algunas pistas. 

La espera nos enfoca en el cumplimiento. Abraham emprendió su viaje con mirada puesta en la promesa de una tierra y una familia. Él esperó tanto que incluso vivió como que si esa dádiva no se cumpliría. ¿Qué le dio fuerzas? Sin duda, fue el dirigir su mirada hacia la promesa misma y su cumplimiento. Si alguna vez asoma la desesperación porque las promesas parecen tardar, concentremos la mirada en el feliz momento en el que Dios cumplirá lo que ha prometido.

La espera nos da fuerzas para hacer lo imposible. Sara no fijó su mirada en lo imposible de la situación, sino en la fidelidad del Señor. Cuántas veces nos hemos desanimado porque enfrentamos una situación aparentemente sin salida. En ese momento, deja que la fe en Dios te sostenga y te haga vislumbra una perspectiva distinta de tu situación.

La espera nos impulsa a obedecer. La obediencia no necesita de la lógica para funcionar. Si una autoridad ordena, debemos cumplir. Abraham tomó la “ilógica” decisión de sacrificar al hijo que era el cumplimiento de la promesa divina. La razón provino de su confianza en el poder de Dios para cumplir lo que había prometido.

La espera nos impulsa hacia el futuro. Isaac, Jacob y José actuaron dando por hecho el futuro y el de sus hijos. ¡Esa es la fe que nos sostiene y nos da seguridad para actuar hoy!

Aplica
¿Te has desesperado porque no ves la respuesta de Dios? ¿Puedes ver que la esperanza en el Señor te dará las fuerzas para continuar? ¿En qué promesa imposible puedes confiar hoy?

Ora
Señor, ayúdame a esperar en ti. Dame la fortaleza para vivir en obediencia contante.