Cuando lo invisible brilla

Hebreos 11.1-7

Nuestras acciones muestran la calidad de nuestra fe en Dios.

A todos nos fascina el brillo de lo real y concreto, y le tememos a lo desconocido e intangible. Sin embargo, si en verdad buscamos agradar al Señor, tenemos que vivir confiando en Aquel que es Invisible. Veamos algunas características de una fe viva y auténtica.

La fe es seguridad. Al contrario de lo que pudiera pensarse, la fe brinda firmeza a quien la cultiva. Es que no es solamente un anhelo ni un simple deseo ingenuo; es un convencimiento tan profundo de la veracidad de las promesas de Dios que quien la posee actúa con una certidumbre que produce una vida sólida. Esa seguridad se hace evidente en las convicciones y en la manera de pensar y de actuar de las personas de fe.

La fe ofrece lo mejor. La persona que confía en el Señor no se conforma con lo comparativamente bueno o lo relativamente correcto, sino que ofrece siempre la excelencia. Ya sea una ofrenda superior, como la de Abel, o una conducta extraordinaria, como la de Enoc, Dios mismo está dispuesto a testificar de la alta calidad de las personas de fe. Se trata de una confianza tan plena en el Señor que uno termina inconforme con lo mediocre y se lanza de forma brillante a lo superior en todo lo que hace.

La fe mueve toda la vida. La verdadera confianza del genuino creyente que agrada al Señor comienza con convicciones intelectuales (creer que hay un Dios y en su carácter bondadoso). Sin embargo, la fe es mucho más que aceptar intelectualmente algunos hechos. Es buscar a Dios con el propósito de agradarlo. Esa clase de confianza abarca el conocimiento, pero también los sentimientos y la voluntad. ¡Es una entrega total!

Aplica
¿Muestran tus decisiones, sentimientos y pensamientos que confías plenamente en el Señor? ¿Estás ofreciendo lo mejor de tu vida a Él? ¿Qué mandato de Dios debes obedecer hoy por la fe?

Ora
Señor, a pesar de lo que veo a mi alrededor, ayúdame a vivir cada día con la certeza de que tú y tus promesas son infalibles.