La verdadera grandeza

Jueces 9.1-57

La autoridad no viene con un nombramiento, sino que la ganan los que son “ejemplos de la grey”.

Gedeón tuvo setenta hijos y uno de ellos buscó el honor que su padre había rechazado. Una vez coronado mató a todos sus hermanos, pero uno, el menor, escapó.

Jotam relata una parábola que va dirigida contra Abimelec. El olivo, la higuera y la vid no querían sacrificar el propósito para el cual habían sido creados, para reinar sobre los árboles. La zarza, que no tenía nada que sacrificar, aceptó reinar. Los más dignos no quieren dejar la esfera de servicio que han recibido de Dios, y los más indignos frecuentemente aceptan y buscan activamente puestos de honor sin pensar primero si son capaces de desempeñar las responsabilidades que acompañan a dichas posiciones.

Escuchemos, tras la voz de la vid, las palabras de Cristo que no buscó el trono hasta no derramar su sangre que satisfizo a Dios y que quita los pecados del hombre (13).

Lo dicho por Jotam (20) se cumplió al pie de la letra. La muerte de Abimelec es el triste fin de un hombre que buscaba ser grande. La verdadera grandeza no consiste en estar a la cabeza de nuestros hermanos sino en estar a sus pies, en servicio. Aprendamos de Cristo (Lc. 22.27).

El que “anhela obispado, buena obra desea” (1 Ti. 3:1), así lo dice la Biblia, pero muchos no buscan la obra sino el puesto y la autoridad que creen que el puesto confiere.

Es interesante que el fin de la gran Babilonia es similar al de Abimelec: un ángel poderoso tomará “una piedra, como gran piedra de molino”, y destrozará la ciudad orgullosa (Ap. 18.21).

Aplica
Piensa en cuáles son tus verdaderas motivaciones cuando sirves al Señor o a tus hermanos. ¿Estás ocupando un puesto de honor? ¿Qué estás haciendo para desempeñar con fidelidad las responsabilidades asumidas?

Ora
Amado Dios, toma el trono de mi corazón. Solo Tú eres digno de recibir toda gloria y honor.